Mientras, siguiendo
los consejos de Gregoria, voy tirando data sobre el proyecto del blog, voy a
ver si puedo averiguar más sobre el “método inspiratorio”.
—Buen día. — Se presentó Gregoria bastante más
amablemente de lo habitual en ella.
—Buenas tardes, dirás- Eran como las 17.00 hs y me
encontraba durmiendo mi habitual y pequeña siesta diaria arrancada apenas
pasadito el mediodía.
—Es lo mismo. Acá es de mañana. No jodas. — Me respondió
ya en otro tono.
Quise aprovechar la oportunidad para averiguar algunas
cosas sobre la vida de Gregoria que ignoro por completo y rápidamente le espeté
— ¿Acá?, digo ¿Ahí? ¿Dónde queda ese “acá”? …O ese “ahí”, todavía estoy medio
dormido.
—Mi casa.
— ¿Cómo tu casa? ¿Vivís en una casa?
—Claro. No en una casa como tu casa, pero yo le digo “mi
casa”. No la llamo “mi hogar” porque eso dejó de usarse luego de los cuentos de Dickens.
—Yo lo leí en relatos de amigos míos escritores…Sobre
todo escritoras.
—Vos te juntás con cada una…Igual, no vine a hablar sobre
mi morada.
—Ya que estás acá…O ahí, ayudáme a entender algunas cosas
de esto de la inspiración y las musas.
— ¿Por ejemplo?
— No me cierra eso de que vos sos mi musa, la única.
Siempre creí tener, al menos, un par de musas de verdad.
— ¿Cómo de verdad? ¿Sos o te hacés? ¡Yo soy de verdad,
mal parido!
—Perdón, perdón…Me expresé mal. Me refiero a que he
escrito relatos y hasta poemas, inspirados en señoras de carne y hueso, humanas
como yo, estando enamorado de ellas.
—Enamorado de ellas…De “ellas”, en plural. Promiscuo el
señorito…
—No, no; no dije que estuve enamorado al mismo tiempo de todas ellas. Además
ese es un término más bien sexual con connotaciones de infidelidad y yo cuando
me enamoro soy el tipo más fiel del mundo. No me contestás sobre cómo es que
tuve esas musas.
—No eran musas. Eran mujeres de las que creías estar
enamorado.
— ¡Estaba enamorado! ¡No, “creía estar enamorado”!
— No es tan así en el ser humano, sobre todo en el ser
humano varón. Ustedes, los muchachitos, son de andar confundidos en estos
asuntos.
— Nada de confundido. Estuve enamorado. Estoy seguro.
— ¿Y de quién o quienes?
— ¡No voy a dar nombres! Si publico esto puedo
comprometer a varias…
— A varias…Bue, enamoradizo el hombre. Como dije, no
estuviste realmente enamorado. Estar enamorado es cuestión de calidad más que
de cantidad. Por lo general se está enamorado o enamorada de una sola persona
por cada período de existencia estándar del ser humano promedio. Existen, eso
sí, lo que llamo “réplicas” y es lo que vos denominás como “estar enamorado”.
Lo lamento, pero solo estuviste enamorado de una. Sospecho de cuál, pero
tampoco daré nombres. Me atrevo a decir que aún la amás.
—Estuve multi enamorado. Y no fueron tantas. Un par… Como
mucho tres. Y en estos momentos no amo a nadie. En el sentido de pareja, claro.
Y no nos vayamos del tema: siempre estuve convencido de que ellas fueron mis
musas, hasta escribí poemas pensando en
ellas. Sobre todo cuando esas relaciones amorosas concluyeron.
—Cuando te largaron…
— ¡No!
Fueron distanciamientos de común acuerdo. Ya no nos amábamos.
— Ja.
—No le veo
la gracia…
—Yo sí.
Igual, enamorado o no, ellas no fueron tus musas, siempre fui yo.
—Nunca
puse “Gregoria” en ningún verso ni cuento, pero si otros nombres…
Explicáme eso, sabionda. Y no me digas que se
escribe “sabihonda”. Ambas formas son correctas.
—Fácil: ellas detonaron, por así llamarlo, ese
sentimiento que el varón confunde con el amor fácilmente, y yo moldeé en parte
las palabras que armaron esos poemas. De paso, te doy más data de cómo funciona
la cosa. Toda creación literaria consta de varios componentes y factores
coadyuvantes, una parte la ponés vos, otra el contexto que te rodea, en este
caso “ellas”, y del resto me encargo yo. No suele funcionar si alguna de las
partes está ausente. Desde ya, no funciona de ninguna manera sin mí.
—Un poquito egocéntrica mi musa…
— El muerto se asusta de la degollada…Vos no lo sos,
claro. Habló el rey de la modestia.
—No existe el escritor o la escritora sin un gran ego.
— ¡Totalmente de acuerdo! Al fin coincidimos en algo.
—Ya que estamos, desasnáme: cómo es eso de que existen un
Borges, un Cortazar, un Dorelo, una Le guin, una Ocampo, una Lispector y otros
y otras con un grado de talento bastante más bajo ¿Depende de cada uno/a o de
la musa propia?
—La respuesta es compleja y tengo sueño. En el próximo
capítulo te explico.
— ¿Las musas duermen? La puta madre, ¿No me estas
cargando, no?
— Zzz..
Cuando Gregoria despierte
esta saga continuará…Espero.
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