Hace varios días que no tengo noticias de Gregoria. No recuerdo haber
dicho nada que la ofendiera, pero con ella nunca se sabe. Recordemos que además
de ser mi musa es mujer…
—Ahora sí. Nada mejor que un
buen sueño reparador.
— ¿Sueño reparador? Hace una
semana que no te me aparecés…
— ¿Y? No soy tu empleada.
Además yo no me “aparezco”, te hago el favor de presentarme de vez en cuando
para ayudarte a que puedas hilvanar más o menos coherentemente alguna frase.
—No discutamos. ¿Te acordás en
donde habíamos quedado antes de que te me durmieras?
—Y dale… ¡No soy de tu propiedad!
Tenía sueño ¿Qué es eso de “te me durmieras”? Igual, no me acuerdo ¿En qué estábamos?
—Me estabas por explicar cómo
es que funciona lo de los grados de calidad literaria entre los distintos
escritores y escritoras. Yo te pregunté si era por talento implícito de cada
individuo o si la musa que nos tocaba en suerte, bueno en mi caso eso de “suerte”
es una manera de decir, tiene mucha influencia.
—La acotación está de más.
Pero no la hagamos larga. Ya te expliqué que todo se elabora en conjunto; la
capacidad del que decida dedicarse a las letras, las circunstancias y mi
inspiración. Las musas no hacemos milagros. Necesitamos un mínimo de talento
del individuo.
— ¿Siempre es así?
—No. A veces el escritor se
corta solo.
— ¿Por ejemplo?
—La frase machista con la que
empezaste este capítulo. La que pusiste en cursiva.
Por lo general no nos involucramos en los prólogos.
— ¿Y podría pasar que escriba
todo un relato sin que intervengas?
— Podría. Pero el resultado
estaría acotado a tu talento. No te aconsejo que vuelvas a practicarlo.
— ¿Qué vuelva a practicarlo?
¿Y cuando hice eso?
—Varias veces. Releéte. Verdaderos atentados a la
literatura. Si querés te marco los cuentos, y sobre todo los “poemas”, en los que no tuve participación alguna.
—Está bien, Dejá. Concretemos
que se nos cansan los lectores. ¿Por qué existe tanta diferencia de calidad
literaria entre los que nos dedicamos a esto, eh?
—Describíme “calidad literaria”.
Realmente no existe tal cosa. Existen eso sí, distintas maneras de que el
lector se interese en un relato, influyendo en eso el talento del que escribe,
pero también la capacidad de
entendimiento, de captación del que lee lo escrito. Y la capacidad de la musa
para potenciar la escritura, desde ya. Es cierto que un buen cuento, una buena
novela o un buen poema deberían tocar cuerdas sensibles del que se embarque en
ese viaje tan apasionante de navegar por un libro, pero no hay nada concluyente
al respecto. Hay lugar para todos, el talentoso y el entusiasta. Bah, eso es lo
que nos enseñan en la escuela para musas, pero no sé si estoy tan de acuerdo.
— ¿Escuela para musas?
¿Ustedes estudian para ser musas? La puta madre…
— ¿De todo lo que te expliqué
te quedaste con esa parte? A veces me desorientás…Mejor terminamos por hoy.
—No te enojes. Es que me
interesa sobremanera saber más de vos…Y también sobre como trabajás, claro.
—Hagamos una cosa: en la
próxima charla te doy ejemplos concretos de cómo trabajamos con respecto a cada
tipo de individuo asignado.
— ¿Individuo asignado?
—Individuo asignado. Así llamamos
a cada uno de ustedes. Nos vemos…
Y desapareció. Siempre lo mismo. Cuando se está poniendo interesante,
se va. Mujeres.
Espero que esta vez reaparezca pronto.
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