Les tiro más data sobre las musas: son rencorosas. Bueno, no sé si
tanto como eso, pero si son duras a la hora de perdonar si las ofendemos. “Como
casi toda mujer”, dirán varios de ustedes. No sé, háganse cargo de tal
aseveración, que en estos tiempos que corren hay que fijarse bien en lo que se
escribe: no tuve una buena repercusión femenina cuando se me ocurrió escribir
una serie de cuentos humorísticos bajo el lema “cuentos misóginos”. “No me causa
ninguna gracia” fue la crítica habitual. Mujeres.
Pero vayamos al punto: Gregoria reapareció, pero se tomó bastante más
tiempo del que supuse para hacerlo.
— ¿Estoy perdonado? —ataqué de
entrada cuando escuché un suspiro que rápidamente identifiqué como de Gregoria.
— No tan así. Esto es una
oportunidad de que consigas ese perdón. Depende. —me respondió con tono algo
belicoso.
— ¿Depende de qué?
—De cómo transcurra este
diálogo.
—Guiáme. Confío en que me
marques el camino.
— ¡Pelotudo! ¡Me voy a la mierda!
Chau.
— ¡Uy! Perdón. Ahora me doy
cuenta que no fue lo más adecuado para decir. Te juro que no fue adrede. *
Señor/a lector/a: ver capítulo 02, sección Garmin*
—Me agarrás en una etapa de mi
vida de suma sensibilidad…Te voy a creer esta vez. Pero ponéte las pilas.
—Te lo prometo. Para que veas
cómo te considero, te comento que estuve hablando de vos con algunos de mis
amigos escritores.
— ¿Y te creyeron?
— Creo que no. Les conté que
estoy escribiendo sobre esto con la intención de darlo a conocer, probablemente
a través de un blog. Hasta les mostré los dos primeros capítulos que ya
escribí, supongo que en parte con tu ayuda, pero creo que creen que es pura
ficción.
— ¿Suponés? ¡Los escribiste
con mi ayuda! ¿Qué no entendiste de lo que estuvimos hablando?
—Sí, sí. No te enojes. Los
escribimos ¿Está bien así?
—Un poco mejor. ¿Cómo sería lo
del blog? Eso no te lo inspiré yo.
— ¿Seguro? ¿Ni un poquito de
ego “musístico” con el afán de hacerte famosa?
—No. Si tuviese esa intención
digamos que trataría de hacerme musa de un escritor un poco más conocido ¿No te
parece? Lo niego. Es cosa tuya.
—Vos sí que sabés ser
amable…En fin. La idea es abrir un blog en el que publicar estos diálogos,
estas historias e ir invitando a otras personas a que escriban sobre el tema.
Que se yo, por ahí teng…ehhh, tenemos éxito y quién te dice que no termine todo
en la publicación de un libro colectivo.
—Seeé.
— ¡Uy! Cuanto entusiasmo. ¿No
te gusta la idea?
—No te van a dar mucha
bola…Pero, si te parece plausible, hacélo. En lo que pueda ayudar…
— ¿Algún consejito?
— Para empezar, tratá de tener
escritos algunos capítulos más de reserva para darle una continuidad aunque sea
semanal al blog, corregí algunas cosas de las ya escritas ( solés creer que la
“espontaneidad” es más importante de lo que realmente es) y andá promocionando
el proyecto. Si se acopla algún escritor o escritora un poquitín más popular
que vos, puede andar. Puedo ayudarte, pero milagros no hago.
–Bueno… ¿Gracias?
— ¡Sí! ¡Gracias! Deberías
estar más agradecido conmigo.
—Lo estoy, lo estoy…Bueno. Más
tarde nos volvemos a comunicar para preparar otro capítulo. Te llamo… O te
convoco…O vos te presentás…Que se yo. Aún no entiendo bien como funciona esto.
Tenemos que hacer un capítulo sobre el método en el quede algo más claro las
formas.
–Dale. Espero que lo
entiendas…
Mujeres.
5 comentarios:
que caràcter el de la musa!!! No había nadie con mas onda?
Parece mal llevada, pero creo que en el fondo no es tan mala. Ya la iremos conociendo mejor.
Gregoria es una genia!
La mejor musa!!
Vamoss que quiero el capítulo 4!!!
Gregoria es insoportable, pero como es la única musa que tengo ya seguiré subiendo sus historias.
Temperamental, la niña... Paciencia, amigo, ya se sabe que en este mundo hay que aguantar tantas cosas... Una musa más o menos no es lo peor que podría pasar.
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