Como andan diciendo
por ahí los acreedores compulsivos, lo prometido es deuda. Así que junto a
Gegoria encaramos el tema de hoy: será “ejemplos prácticos y ejemplificados de
cómo funciona la “inspiración”.
—Ando apurada, así que vayamos lo antes posible al
desarrollo del tema. —irrumpió en mi mañana la insoportable.
—Epa, epa, epa; al menos un “buenos días”, estimadísima
musa. —Le contesté con mi habitual tono conciliatorio.
—Buenas. Ya leí el título y la bajada. Por cierto ¿No es
que sos ateo?
—Ya me lo preguntaste y te vuelvo a responder: esto es
ficción y acá puedo ser lo que se me cante. Además, en el relato de mi
encuentro con dios lo aclaro.
—Lo que se nos cante; acá soy parte del todo.
Concretemos. Y Dios va con mayúsculas.
—Es mi rebeldía atea: siempre lo escribo con minúsculas.
—Mirálo vos, cuanto coraje, cuanta rebeldía…No seas
patético y comencemos.
—Está bien. Empiezo con la parte real que inspiró la idea
del cuento. Solía pasar por un puesto en la ruta que atendía un señor. Esto
pasó durante varios días sin que eso significase nada en especial, hasta que un
día se me ocurrió: ¿Y si este buen hombre es dios?
—No se te ocurrió, nabo; te lo inspiré.
—Acepto, me lo inspiraste. La idea que me inspiraste
¿Está bien así?, me rondó durante todo el día, mezclándose con mi ateísmo y mis
inquietudes sociales. Tratando de amalgamarlas, comencé a escribir el relato. Y
así fue surgiendo de mi mente.
—Una de cal y una de arena…No cambiás más, el ego te
puede; “surgiendo de mi mente” decís. ¡NO! Estamos tratando de explicar desde
hace un par de meses como es esto de la creación literaria y me salís con esa
tontería. El relato es autoría de ambos, carajo.
—No te enojes. El relato es de autoría de ambos, es el
primer ejemplo de cómo nace un relato. ¿Puedo publicarlo?
—Dale. Te dejo firmarlo, ya que aún no nos han dado el
permiso para figurar en los créditos, pero el título debería ser: Sobre cruces
y crisis- Gregoria Benavidez y Miguel Dorelo.
— ¿Quién tiene que dar el permiso?
—Otro día te cuento. Dale con el cuento.
Sobre
cruces y crisis- Miguel Dorelo
Hoy
vi a dios.
No,
no estoy hablando en sentido figurado. Hoy vi a dios en persona.
Antes
que nada, me gustaría aclarar que soy ateo para que no se llamen a confusión ni
saquen conclusiones apresuradas tipo “a este le dio un ataque de delirio
místico” o similares: yo no creo en dios.
Pero
mejor, les cuento.
Me
lo crucé cuando volvía del laburo en bicicleta. Preciso lugar y hora como
prueba de lo que digo: 14:02 hs., cruce de rutas nacional 188 y provincial 32.No
tienen por qué saberlo así que les tiro data: esto es Pergamino, provincia de
Buenos Aires, lugar donde vivo y, por lo que parece, también lo estaría
haciendo dios. Lo de la hora precisa tiene su explicación en que suelo ir
escuchando la radio del celu y recién acababa de terminar “Detrás de lo que
vemos” en la AM 750 que finaliza a las 14 hs.
Lo
reconocí al toque, aunque no tengo ni la más puta idea del cómo ni el por qué.
¿Nunca les pasó algo así con una persona que suponían no conocer? Bueno, eso
fue lo que me pasó: supe que el tipo era dios. Muchos dicen que les pasó algo
así con el amor de sus vidas, y si yo les creo, bien podrían hacerlo conmigo.
¿Qué
hubieran hecho ustedes ante semejante encuentro? No lo sé. Lo que yo hice fue
dejar de pedalear, bajarme de la bici, presentarme ante el chabón y empezar a
chamuyar con él.
Me
aclaró de entrada que en efecto él era dios, pero que no lo complicara con
preguntas trascendentes (acá me hizo con las manos el gestito ese de las
comillas que algunos suelen hacer) porque no tenía demasiadas respuestas y que
la cosa estaba lo suficientemente jodida como para andar perdiendo el tiempo
con boludeces. “Yo no puedo arreglar los quilombos humanos”, me recalcó.
Le
contesté que como yo no creía en él, no tenía ningún tipo de problema en hablar
de bueyes perdidos. Se ve que eso le gustó, porque enseguida me ofreció un
trago de la botella de Manaos cola que tenía arriba de una mesa improvisada con
tablones de dudosas procedencia y limpieza. Por suerte no hizo lo mismo con una
especie de sánguche a medio comer depositado en un extremo de dicho “mueble” y
que me pareció bastante non sancto.
Calculo
que estuvimos charlando alrededor de dos horas, pero pueden haber sido dos
segundos o un par de meses; el tipo es dios y es probable que haya manipulado
el tiempo a su antojo.
No
voy a darles detalles sobre lo que hablamos, ya que me dijo guiñándome un ojo:
“que esto quede entre nosotros” y yo seguiré siendo ateo, pero no como vidrio.
Solo
un pequeño detalle para darle más verosimilitud a los que acabo de contarles: dios vende carnada viva en el cruce de esas dos rutas y cuando le pregunté como
venía la mano me respondió con un lacónico: “se va tirando, pero la semana que
viene se incorpora la María al puesto
para vender torta asada y creo que va a
mejorar la cosa”.
No
le compré nada porque yo no pesco, pero antes del saludo final, quedamos en que
cuando se incorpore la dama al negocio, me reserve una bien calentita.
Un
capo dios: no me pidió ningún tipo de seña…
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